Abdullah Ibn Salam (parte 2 de 2): Un hombre de la gente del Paraíso


En la ciudad nueva de Medina, las relaciones entre todas las filiaciones políticas eran tensas. El tejido social se mantenía unido por alianzas tribales y políticas, y cualquier cambio amenazaba con sumir a la zona en el caos. El advenimiento del Islam fue ese cambio. El Profeta Muhammad y sus seguidores fueron invitados a trasladarse a Iazrib (ahora conocida como Medina), con el Profeta Muhammad (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) asumiendo el liderazgo de la zona. Las habilidades diplomáticas del Profeta y su confiabilidad eran reconocidas y admiradas; pero algunos grupos, en especial ciertos grupos judíos, no querían ningún cambio en sus tenues pero rentables alianzas. Tal era el panorama político medinense, y a esta mezcla llegó Abdullah Ibn Salam.


En la primera parte, vimos que Husain Ibn Salam fue un erudito judío muy respetado y confiable en su comunidad. Gracias a sus estudios, Ibn Salam se convenció de que el Profeta Muhammad era el Profeta predicho en la Tora. Cuando el Profeta Muhammad llegó a Medina, Ibn Salam se afanó en acercársele y declaró su creencia en las enseñanzas del Islam y en la Profecía de Muhammad. El Profeta Muhammad cambió el nombre de Ibn Salam de Husain a Abdullah (el siervo de Dios).


Abdullah Ibn Salam estaba emocionado de estar en compañía del Profeta Muhammad. Pasó tanto tiempo como le fue posible con él, haciéndole preguntas, hablando del Islam y del judaísmo, y disfrutando la compañía del hombre que la Tora había predicho hacía mucho tiempo. Abdullah Ibn Salam deseaba mucho que su pueblo aceptara el Islam como su religión y a Muhammad como su Profeta; sin embargo, temía la forma en que reaccionarían si les informaba su conversión. Ibn Salam era conocido entre los judíos por ser un hombre recto y bien educado, y discutió su problema con el Profeta Muhammad; ambos se pusieron de acuerdo en un plan.


Un día, estando en compañía de los ancianos judíos respetados de Medina, el Profeta Muhammad les preguntó acerca de sus pensamientos y opiniones acerca del carácter de Ibn Salam. Ellos respondieron que "él es el mejor de nosotros, el hijo del mejor de nosotros; el más sabio y el hijo del más sabio"[1]. El Profeta Muhammad les preguntó entonces qué opinarían si Ibn Salam aprendiera acerca del Islam y lo aceptara. Los judíos reaccionaron con horror. "¡El nunca haría semejante cosa!", gritaron. En ese momento, Ibn Salam entró en la habitación y declaró su conversión al Islam. Los judíos reaccionaron airadamente, pero Ibn Salam sabía que los libros revelados judíos habían predicho la llegada del Profeta Muhammad. 


Aunque las alianzas eran tenues, todas las facciones políticas en Medina, al menos al comienzo, aceptaron el liderazgo del Profeta Muhammad. Incluso le remitían a él asuntos de la ley religiosa. En una ocasión, cuando un grupo de judíos le pidió al Profeta que dictara sentencia sobre una pareja adúltera, él preguntó de inmediato cuál era la norma al respecto en la Tora. Ellos le contestaron: "Hacemos pública su mala acción y los azotamos".


Ibn Salam sabía que el castigo correcto era lapidarlos, e insistió en que fuera utilizada la propia Tora para confirmar sus palabras. Una copia de la Tora fue presentada ante ellos, de modo que quedó en evidencia que se había dado deliberadamente una respuesta errónea para engañar al Profeta. Abdullah Ibn Salam señaló los pasajes correctos que fueron ocultados hábilmente bajo la mano del hombre judío que sostenía el pergamino. El castigo en la Tora era la lapidación, Ibn Salam leyó los pasajes correctos y el Profeta Muhammad ordenó que esta regla fuera confirmada.


Abdullah Ibn Salam amaba estar en compañía del Profeta Muhammad. Le dedicó tanto tiempo como le fue posible y disfrutó de sus charlas y su compañía. Se dedicó al Corán y a menudo se lo encontraba en la mezquita rezando, aprendiendo y enseñando. Era conocido entre los musulmanes como un profesor efectivo y dedicado, y su círculo de estudios era popular y concurrido. Abdullah Ibn Salam también era conocido entre los musulmanes de Medina como un hombre destinado para el Paraíso. Entre las tradiciones auténticas del Profeta Muhammad está una historia que explica por qué Abdullah Ibn Salam era considerado como parte de la gente del Paraíso.


Qais Bin `Abbad dijo: "Estaba en la mezquita, cuando un hombre cuyo rostro mostraba signos de humildad llegó a rezar. La gente dijo: `Este hombre es uno de la gente del Paraíso’. Cuando se fue, lo seguí y hablé con él. Le dije: `Cuando entraste a la mezquita, la gente dijo que eras de la gente del Paraíso’. Me dijo: `¡Todas las alabanzas son para Dios! Nadie debe decir algo que está fuera de su conocimiento. Te diré por qué ellos dicen eso. Tuve un sueño en vida del Mensajero de Dios y se lo conté a él. Vi que estaba en un jardín verde –y describió las plantas y los espacios de ese jardín– y allí había un poste de hierro en la mitad del jardín fijado en la tierra, y su extremo alcanzaba el cielo. En la punta tenía un mango, y se me dijo que subiera por el poste. Dije: No puedo. Entonces vino un ayudante y levantó mi bata por detrás, y me dijo: Sube. Ascendí hasta que alcancé el mango y él me dijo: Agarra el mango. Desperté del sueño con el mango en mi mano. Fui con el Mensajero de Dios y le conté el sueño, y me dijo: El jardín representa el Islam, el poste representa el pilar del Islam, y el mango representa el asidero más seguro. Seguirás siendo musulmán hasta que mueras’"[2].



Pie de página:

[1] Sahih Al Bujari.

[2] Imam Ahmad.

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