Omar, el Criterio (parte 3 de 3): El Emir de los creyentes

Omar ibn Al Jattab fue el segundo Califa de la Ummah (nación) musulmana, y el primer líder musulmán en ser llamado "Emir de los creyentes". Después de la muerte del Profeta Muhammad, su amigo más cercano, Abu Bakr, se convirtió en su sucesor y lideró a los musulmanes por alrededor de dos años. Cuando Abu Bakr sintió que se acercaba su muerte, reunió a sus amigos más cercanos y a sus consejeros y les informó que su lealtad hacia él finalizaba. Abu Bakr esperaba que estos hombres eligieran a su sucesor de entre ellos mismos. Sin embargo, después de mucha discusión, los compañeros de Abu Bakr regresaron con él y le pidieron que eligiera por ellos, ya que confiaban en su opinión sin dudar. Abu Bakr eligió a Omar.

Algunos de los hombres alrededor de Abu Bakr expresaron sus reservas con respecto a Omar, a sabiendas de que era un hombre muy recio y áspero, y creían que sería muy duro con la gente. Abu Bakr les respondió diciéndoles que consideraba a Omar el mejor de ellos. A pesar de estas reservas iniciales entre algunos hombres de Medina, Omar fue designado como el segundo Califa de los musulmanes. Él comenzó su gobierno dirigiéndose a la gente y explicando de inmediato sus expectativas por sí mismo. Omar sabía que a la gente le preocupaba su reputación de rudeza y abordó este tema. Dijo:

"Gentes, sepan que he sido designado para gobernar sus asuntos, así que sepan que mi rudeza se verá reducida, pero seguiré siendo áspero y severo con los opresores y los transgresores, y pondré sus rostros en la tierra[1]. Sepan también que yo mismo pondré mi rostro en la tierra para defender a la gente piadosa".

Omar pasó entonces a explicarle a la gente que él no tomaría de lo que sus tierras produjeran ni de los botines de guerra más que lo que Dios ordena, y que ese dinero lo invertiría únicamente en aquello que complace a Dios. Omar era muy consciente de la importancia de la justicia financiera, y de que él sería responsable de cada moneda que perteneciera a la Ummah musulmana. Omar también le informó al pueblo que aumentaría los salarios de todos y sus provisiones, y que protegería sus fronteras.

La joven nación musulmana que el Profeta Muhammad (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) y sus compañeros habían establecido con tanto esfuerzo, era una Ummah como ninguna otra. Los beneficios eran repartidos entre todos los miembros de la Ummah, tomados del tesoro musulmán; no era necesario ser un funcionario público, la riqueza de la nación en permanente expansión se repartía con equidad. Omar no instituyó esto, él solo siguió el camino ya establecido por sus predecesores, pero prometió aumentar los salarios.

Omar también prometió no enviar a los ejércitos musulmanes "a la destrucción", es decir, que no enviaría ejércitos a menos que se evaluaran los riesgos y fueran estimados como aceptables. Prometió que los soldados no serían alejados de sus familias durante largos períodos de tiempo, y les aseguró a los hombres que mientras estuvieran lejos, luchando por la Ummah musulmana, y si no regresaban, él mismo, el Califa, sería el padre de sus hijos y el defensor de sus mujeres. Omar creía que el papel de líder era proteger al pueblo.

Este concepto parece muy inusual hoy día, cuando vemos que los presidentes y primeros ministros están rodeados de guardaespaldas, dispuestos a pisotear a cualquiera con tal de protegerse sí mismos y a su poder. Omar ibn Al Jattab, a pesar de ser el líder de un imperio, nunca sintió necesario tener un guardaespaldas. Él caminaba por las calles de Medina como cualquier ciudadano ordinario, incluso en la noche. De hecho, era en las noches que recorría las calles inspeccionando a quienes estaban bajo su protección y distribuyendo caridad de forma anónima.

Uno de los años del gobierno de Omar fue conocido como "Año de Cenizas". Esa año fue una gran prueba para la Ummah musulmana. Fue una época de sequía y hambruna, en la que el viento era tan caliente que quemaba la piel como si llevara cenizas ardientes. La carne, la mantequilla y la leche escasearon, y la gente subsistía con poco más que pan seco, a veces mojado en aceite. Omar juró que no comería ni bebería nada que no estuviera disponible para el pueblo. Incluso cuando los productos alimenticios volvieron a estar disponibles en los mercados, Omar se negó a comprarlos debido a los precios elevados. Se le oyó decir: "¿Cómo puedo entender a mis súbditos y preocuparme por ellos si no paso por las mismas dificultades que están atravesando?".

Más de mil cuatrocientos años después de su gobierno, Omar aún es recordado como un hombre justo. Usando los principios de justicia, misericordia y compasión inherentes al Islam, Omar trató a todos aquellos bajo su cuidado con equidad, sin importar que fueran ricos o pobres, negros o blancos, fuertes o débiles. Temía constantemente que Dios le preguntara sobre sus actos. Le preocupaba que hubiera gente enferma o pobre entre los creyentes por culpa de que él no cuidara de ellos correctamente. Omar ibn Al Jattab nunca nombró como jueces o gobernadores a quienes le expresaban su deseo de realizar dichos trabajos, sino que elegía sabiamente entre los miembros más piadosos de la Ummah.

Omar se consideraba a sí mismo un musulmán común y corriente, pero la historia ha registrado que él no tenía nada de ordinario. Omar era fuerte, tanto física como espiritualmente, era generoso, noble, y llevaba una vida humilde. Omar siguió los pasos de su amado Profeta Muhammad (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) siguió su ejemplo y mantuvo sus tradiciones. Todo el ser de Omar estaba enfocado en complacer a Dios, temiendo Su castigo y esperando el Paraíso. Omar fue capaz de distinguir la verdad de la falsedad, sentía dolor cuando la Ummah o cualquiera de sus miembros eran lastimados, y sentía alegría cuando aquellos bajo su cuidado estaban contentos y felices, adorando a su Señor. Omar fue uno de los cuatro califas correctamente guiados. Aún hoy en día él sigue siendo un modelo a seguir de fortaleza, justicia, amor y misericordia.



Pie de página:

[1] Esta era una expresión utilizada por los árabes de esa época para denotar una respuesta severa, una que no dejaría dudas respecto a que la opresión sobre los demás y la transgresión de los derechos de los demás no serían toleradas.

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