Los principios y normas mencionados tienen las siguientes características

Son de origen divino, revelados por Dios y a su luz todos son considerados iguales… el gobernante y el pueblo, el rico y el pobre, el académico y el iletrado, el blanco y el negro… a nadie, no importa cuán alto sea su rango, se le permite violar las normas de Dios o establecer leyes que las contradigan. Dios dijo:

“Un verdadero creyente o una verdadera creyente no deben, cuando Dios y Su Mensajero hayan dictaminado un asunto, actuar en forma contraria; y sepan que quien desobedezca a Dios y a Su Mensajero se habrá desviado evidentemente” (Corán 33:36)


A todos se les requiere cumplir, respetar e implementar estas reglas y principios; tanto al gobernante como al gobernado. Dios dijo:

“En cambio los creyentes, cuando se les exhorta a respetar en sus juicios las leyes que Dios ha revelado a Su Mensajero, dicen: ‘¡Escuchamos y obedecemos!’ Ciertamente ellos son quienes prosperarán” (Corán 24:51)


En el Islam, ningún ser humano tiene poder absoluto; incluso el gobernante está restringido en sus facultades por los límites dispuestos por la ley islámica. Si se opone a ella, el pueblo debe desobedecerlo y seguir lo correcto. El Profeta r dijo:

“Es obligatorio para todo musulmán escuchar y obedecer (a sus autoridades) tanto si le gusta o no, excepto si se le ordena hacer algo pecaminoso” (al-Bujari).


La Consulta Mutua (asamblea). El sistema político en el Islam está construido sobre esta base. Dios dijo:

“Obedecen a su Señor, practican la oración prescripta, hacen consulta para resolver sus asuntos, y hacen caridades con parte de lo que les hemos sustentado” (Corán 42:38)


Dios también dijo:

“Por misericordia de Dios eres compasivo con ellos. Si hubieras sido rudo y duro de corazón se habrían alejado de ti; perdónales, pide perdón por ellos y consúltales en las decisiones. Pero cuando hayas tomado una decisión encomiéndate a Dios. Dios ama a quienes se encomiendan a Él” (Corán 3:159)


En el primer versículo, Dios menciona asociadas la consulta y las oraciones, la cual es la columna vertebral del Islam. Esto nos indica la importancia de la consulta mutua en el Islam en todos los asuntos que conciernen a la nación musulmana. En tales asuntos se le debe consultar especialmente a la gente de conocimiento. Al final del primer versículo, Dios, glorificado y exaltado sea, elogia a los creyentes en general porque ellos se consultan el uno al otro en sus asuntos. En el segundo versículo, Dios, glorificado y exaltado sea, ordena a Su Mensajero r, que es la cabeza del Estado, consultarle a sus compañeros en asuntos que son de interés común para la comunidad musulmana, si no se ha revelado aparentemente ninguna norma sobre ese asunto. No hay consulta mutua sobre la licitud o no en asuntos en que Dios ya se ha pronunciado. El Profeta r dijo:


“Cuando la gente se consulta mutuamente, Dios los guíe hacia el mejor resultado”. Luego el Mensajero de Dios r recitó: “…y (los creyentes son) aquellos que resuelven sus asuntos a través de la consulta mutua” (al-‘Adab al-Mufrad).


Los eruditos han afirmado que el gobernante está obligado a consultar a la gente en los asuntos relativos a sus intereses. Si descuida esta obligación de consultar a la población, la gente debe demandárselo para expresar su palabra y dar su opinión. Esto está basado en los versículos mencionados anteriormente, y porque el Islam considera al gobernante un representante del pueblo que es responsable de cumplir el deber que se le ha delegado. Así se le pide a la población monitorear la implementación de la ley ejecutada por el gobernante. El Islam les provee a todas las personas libertad para expresar su opinión y criticar de la manera que sea apropiada, de acuerdo a los principios dispuestos por la religión. Sin embargo, no deben hacerlo de tal manera que cause una injusticia mayor. El Profeta r dijo:

Ciertamente, la mejor Yihad es pronunciar una palabra de justicia ante un gobernante corrupto” (Abu Dawud y Ibn Máyah).


Abu Bákr, el primer califa del Islam, se dirigió a la gente diciéndole:

“¡Oh, gente! He sido designado como vuestro gobernante aunque no soy el mejor entre ustedes. Por lo tanto, si me encuentran en el camino correcto, ayúdenme. Pero si me encuentran en el error, corríjanme. Obedézcanme siempre y cuando yo esté obedeciendo a Dios al conducir vuestros asuntos. Y cuando sea que yo Le desobedezca, entonces no reclamo vuestra obediencia”.


‘Umar ibn al-Jattáb, el segundo califa del Islam, se puso de pie en el púlpito un día y se dirigió a la gente diciendo:

“¡Oh, gente! Si encuentran que he caído en la corrupción, entonces corríjanme”. Un beduino se alzó entre la gente y dijo: “¡Por Dios! Que si te encontramos desviado, ¡te corregiremos con nuestras espadas!” Sin embargo, ‘Umar no se enojó ni le guardó rencor. Sólo levantó su mano hacia el cielo y dijo: “Alabado sea Dios que ha hecho que entre Su nación haya alguien capaz de corregir la desviación de ‘Umar”.


El gobernante también debe ser convocado a rendir cuentas y ser cuestionado por sus actos.

Una vez ‘Umar se dirigió a la gente mientras estaba vestido con dos piezas de ropa. Cuando le dijo a la gente: “¡Oh, gente! Escuchen y obedezcan”. Un hombre se puso de pie y dijo: “No te escucharemos ni te obedeceremos”. ‘Umar preguntó: “¿Y por qué?”, y el hombre respondió: “Porque tienes dos piezas de ropa mientras nosotros tenemos sólo una (él había entregado una prenda a cada musulmán)”. ‘Umar convocó a su hijo en voz alta: “¡Abdullah Ibn ‘Umar!, Diles…”. ‘Abdullah dijo: “La otra pieza de ropa es la mía, que yo se la he dado”. El hombre dijo entonces: “Ahora te escucharemos y te obedeceremos”.


Así, el Islam preserva los derechos y libertades tanto de la sociedad como del individuo. Salvaguarda las fuentes de la legislación de los caprichos y deseos de los legisladores, porque dan forma a su legislación según las necesidades regionales y personales. La legislación islámica no especifica otros detalles sobre la forma del gobierno. Esto tiene como objetivo dejar la puerta abierta para que los musulmanes elaboren su propia jurisprudencia, para que sea más apropiada para sus condiciones específicas y sirva mejor a sus intereses en un tiempo y lugar específico, siempre y cuando las normas de esta jurisprudencia no contradigan los principios fundamentales del Islam.

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