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La Batalla de Uhud

Auther : Dr. Adel ibn ‘Ali al-Shiddy
73 2022/01/24 2022/06/27

La batalla de Uhud tuvo lugar en el mes de Shawwal del tercer año luego de la Hégira. Luego de que sus nobles habían muerto en Badr y haber sufrido una calamidad como nunca antes habían sufrido, la tribu de Quraish se inclinó hacia la venganza para restaurar su prestigio perdido. Entonces Abu Sufián t empezó a incitarlos en contra de los musulmanes y a reclutar a varias facciones. Reunió a cerca de tres mil hombres de Quraish y sus aliados, acompañados por sus mujeres para prevenir que se escaparan y los alentaran a seguir. Él marchó con ellos hacia Medina y acamparon cerca al Monte Uhud.

El Mensajero de Alá r consultó a sus compañeros acerca de si debía salir a enfrentarlos o permanecer en Medina. La primera opinión fue que no debían dejar la ciudad sino fortificarse dentro de ella, entonces si ellos entraban los musulmanes los matarían. Pero otro grupo de compañeros prefería salir a enfrentar al enemigo. Entonces el Mensajero de Alá r marchó un viernes con mil compañeros. Pero en alguna parte entre Medina y Uhud, el hipócrita, `Abdullah ibn Ubaii retornó con cerca de un tercio de los soldados, diciéndoles: “¡¿Se opondrán a mi opinión y obedecerían a alguien más?!”

El Mensajero de Alá r se detuvo en un área cerca de Uhud. Allí emplazó al ejército con sus espaldas hacia la montaña y les dijo que no lucharan hasta que él r se los ordenara. Para la mañana del sábado, él r estaba preparado para la batalla junto con setecientos soldados, entre ellos cincuenta jinetes.

Él r puso a `Abdullah ibn Yubair t al mando de cincuenta arqueros y les ordenó que se quedaran en sus puestos y no lo abandonaran incluso si veían a la aves de presa tomando la carne de los soldados. Ellos estaban situados detrás del ejército y se les ordenó bañar a los politeístas con flechas para que no pudieran atacar a los musulmanes por la retaguardia.

La batalla comenzó, y en la primera parte del día los musulmanes obtuvieron la ventaja y estaban derrotando a los politeístas; entonces estos se retiraron a la posición donde estaban sus mujeres. Cuando los arqueros vieron su derrota dejaron sus lugares en los cuales el Profeta r les había dicho que permanecieran, y gritaron: “El botín de guerra!” Su comandante les recordó la orden del Profeta r, pero no oyeron pensando que los politeístas no volverían. Ellos bajaron tras el botín, dejando una brecha en la línea de defensa.

Pero los jinetes del enemigo retornaron y encontraron la brecha desprotegida por los arqueros. Pasaron por allí y rodearon a los musulmanes. Aquellos a quienes Alá I honró con el martirio fueron martirizados y los compañeros se retiraron. Los politeístas se acercaron al Mensajero de Alá r, hirieron su rostro, rompieron su diente, destrozaron su casco y lo golpearon con piedras hasta que él cayó, herido, en uno de los huecos que Abu `Amir al-Fasiq había cavado como trampas para los musulmanes. `Ali t tomó su mano para sacarlo fuera y Talhah ibn `Ubaidullah t lo sostuvo en su regazo. Dos aros de hierro de su casco habían atravesado su mejilla y fueron extraídos por Abu `Ubaidah ibn al-Yarrah t. Malik ibn Sinan t, el padre de Abu Sa`id al-Judri t, succionó la sangre para limpiar su mejilla. Mus`ab ibn `Umair t fue matado y entonces se le dio el estandarte a `Ali ibn Abi Talib t.

Los politeístas lo habían rodeado, determinados a hacer aquello que Alá I estaba por prevenir. Alá I lo previno por medio de diez musulmanes quienes lo defendieron hasta que ellos mismos murieron, pero Talhah t siguió luchando hasta que los hizo retroceder. Abu Duyanah t lo escudó con su espalda, sin moverse mientras las flechas lo herían. El ojo de Qatadah ibn an-Nu`man t fue herido ese día, y el Mensajero de Alár lo presionó de vuelta a su lugar. Este fue después de esto su mejor y más agudo ojo.

Cuando Ibn Qami’ah, gritó: “Muhámmad r ha muerto” eso descorazonó a los musulmanes y la mayoría de ellos huyó; pero el decreto de Alá I estaba predestinado. Entonces el Mensajero de Alá r fue hacia el ejército musulmán restante. El primero en reconocerlo bajo su casco fue Ka`b ibn Malik t, quien gritó con toda su fuerza: “¡Oh ejército de Musulmanes, buenas noticias! ¡Aquí está el Mensajero de Alár!”. Pero él  le señaló que permaneciera en silencio. Los musulmanes se reunieron a su alrededor y se apresuraron con él a su campamento; entre ellos estaban Abu Bakr, t`Umar t, `Ali t, al-Hariz ibn as-Sammah al-Ansari t y otros. Cuando ellos se habían recostado contra la montaña el Profeta vio a Ubayy ibn Jalaf avanzando en su caballo para matarlo entonces, él lanzó su lanza y lo golpeó en el costado de su cuello causando que cayera de su caballo y que retrocediera corriendo, derrotado hacia su gente, pero murió en el camino de regreso a La Meca. Los musulmanes también mataron al portador del estandarte de los politeístas. El Profeta r se lavó la sangre de su rostro y oró sentado debido a sus heridas. Handhalah t había sido muerto mientras estaba en un estado de impureza sexual entonces  fue bañado por los ángeles. Y Umm `Umarah, Nusaibah bint Ka`b al-Maziniiah, luchó valientemente; `Amr ibn Qami’ah la había alcanzado con su espada, hiriéndola severamente. El número de musulmanes heridos ese día estaba alrededor de los setenta, y de los politeístas, veintitrés. Quraish mutiló severamente los cuerpos de los musulmanes. Entre aquellos muertos del lado de los musulmanes estaba el tío del Profeta r, Hamzah t

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