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Su Paciencia Frente al Abuso

Auther : Dr. Adel ibn ‘Ali al-Shiddy
1378 2012/11/26 2022/05/24

 

El Profeta  se dedicaba a la da`wah y se había embarcado en el camino del consejo y la instrucción. Invitaba a la gente a adorar únicamente a Alá  sin asociados en la adoración. Llamaba a la gente a abandonar las costumbres paganas de sus ancestros: el politeísmo, la adoración de ídolos y todas las prácticas inmorales e ilegales. Sólo unos pocos creyeron en él; la mayoría lo rechazó.

A pesar de que Alá  había salvaguardado y protegido su vida por medio de su tío, Abu Talib, el Profeta fue perseguido y condicionado severamente. En el año séptimo de su profecía, el  Mensajero  de Alá, Abu Talib y los clanes de Bani Hashim y Bani Muttalib tomaron refugio  en un pequeño pedazo de tierra perteneciente a Abu Talib. La tribu de Quraish decidió confinarlos por la fuerza allí, tanto los musulmanes como los no musulmanes que habían apoyado a sus familiares, a excepción de Abu Lahab. Ellos acordaron imponer un boicot a la familia extendida del Profeta , para no aceptar de ellos ningún término de acuerdo, para impedirles comerciar e impedir que las provisiones les llegaran hasta que les entregaran al Mensajero de Alá  para su ejecución. Ellos pusieron esta injusticia por escrito y colgaron el pergamino dentro de la Ka`bah. El Profeta  les dijo entonces a sus compañeros que emigraran a Abisinia en vista de la creciente opresión. Esta fue la segunda emigración – ochenta y tres hombres y dieciocho mujeres emigraron – y algunos musulmanes del Yemen se unieron a ellos.

El Profeta  y sus seguidores permanecieron en el exilio por cerca de tres años en un estado de extrema pobreza y hambre, valiéndose de lo poco que se filtraba en secreto, hasta que fueron finalmente reducidos a comer las hojas de los árboles. Esto continuó hasta el año décimo de su profecía, cuando algunos hombres de Quraish pusieron fin al boicot.

Ese mismo año la esposa del Profeta, Jadiyah, murió, y dos meses después, su tío, Abu Talib. Con la muerte de su tío, Quraish era libre de perseguirlo más que nunca, así fue que incrementaron su hostilidad y abuso. 

En las colecciones auténticas de al-Bujari y Muslim, es relatado que el Mensajero de Alá  estaba cierta vez orando cerca de la Ka`bah mientras que Abu Yahl estaba sentado con algunos amigos cerca de allí. El día anterior ellos habían sacrificado una camella, entonces Abu Yahl dijo: “¿Quién de ustedes tomará los restos de la camella muerta y lo pondrá en la espalda de Muhámmad mientras está postrado?” Entonces el más malvado de ellos fue y lo trajo, y cuando el Profeta  se postró éste lo puso sobre sus hombros y ellos se rieron hasta caer unos encima de otros. La hija de Muhámmad, Fatimah, vino y lo sacó de encima de él y empezó a maldecirlos. Cuando el Profeta  hubo completado su oración levantó su voz suplicando en contra de ellos, diciendo: “Oh Alá, encárgate de Quraish” tres veces. Cuando ellos oyeron esto dejaron de reír, temiendo su súplica. Muhámmad  continuó:

“Oh Alá, encárgate de Abu Yahl ibn Hisham, `Utbah ibn Rabi`ah, Shaybah ibn Rabi`ah, al-Walid ibn `Utbah, Umayyah ibn Jalaf y `Uqbah ibn Abi Mu`it”. Ibn Mas`ud dijo: “Por Aquel que envió a Muhámmad con la verdad, yo vi a aquellos a quien él nombró caídos muertos en el día de Badr; ellos fueron arrastrados y tirados al pozo de Badr.”

Al-Bujari narró que un día `Uqbah ibn Abi Mu`it tomó al Profeta  por sus hombros y envolvió sus ropas alrededor del cuello, ahorcándolo severamente. Abu Bakr vino corriendo y lo empujó hacia atrás, gritando:

“¿Matarías a un hombre por decir, ‘Mi Señor es Alá?” 

Cuando la persecución del Mensajero  de Alá empeoró, él partió hacia Taif para invitar a las tribus de Zaqif al Islam, pero solo encontró de parte de ellos obstinación, ridículo y abuso; ellos le tiraron piedras hasta que sus tobillos sangraron. Entonces decidió retornar a La Meca, y en su camino, en Qarn az-Za`alib, miró al cielo y encontró que una nube le había dado su sombra. Dentro de ella estaba Gabriel, quien lo llamó diciendo: “En verdad Alá ha oído lo que tu gente te ha dicho y cómo te respondieron y Él te ha enviado el ángel de las montañas para que tú puedas ordenarle hacer lo que quieras con respecto a ellos”. El ángel de las montañas se dirigió a él, diciendo: “Oh, Muhámmad, en verdad, Alá ha oído lo que tu gente te ha dicho y cómo han respondido. Yo soy el ángel de las montañas y Alá me ha enviado para que me ordenes que haga lo que tú quieras. Si tú lo deseas, los aplastaré entre las dos montañas [entre las que se encuentra la ciudad].” Pero el Mensajero de Alá  replicó: “En vez de eso, espero que Alá traiga de su descendencia a quienes adorarán solo a Alá sin ningún socio y no asocien nada con Él en la adoración” (Al-Bujari y Muslim)

 

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